jueves, 9 de abril de 2009

El hábito cannabico


video




video




video


Reynaud-Maurupt, C. Les habitués du cannabis. Une enquête qualitative auprès des usagers réguliers. París, Observatoire Français des Drogues et des Toxicomanies, 313 págs., 2009.

Este estudio analiza la lógica del consumo y el lugar que ocupa la sustancia en la vida de las personas con un consumo habitual, partiendo del propio discurso de éstas, para esclarecer la manera en que se desarrolla el hábito y las razones que justifican su mantenimiento, así como las consecuencias que creen padecer por su causa.

Uno de los resultados más significativos del estudio consiste en que, para esta muestra de consumidores y consumidoras habituales –el 87%, son consumidores diarios, que fuman entre dos y cinco porros diarios – el consumo de cannabis está bien integrado en la vida cotidiana; no se asocia a eventos festivos o de ocio, sino a momentos de pausa entre los quehaceres cotidianos. Para la mayoría, fumar constituye la norma y es precisamente no fumar lo que constituye la excepción, la circunstancia a la que se tiende a dar una explicación (“no fumo mientras trabajo”, “cuando estoy con la familia”). La mayoría del tiempo se consume en solitario, o bien en la intimidad –con la pareja–, aunque, al contrario de lo que suele suceder con los consumidores ocasionales, este hecho se considera positivo, en tanto que el consumo festivo se asocia a un consumo más intenso.

Para la mayoría de las personas entrevistadas, el consumo se inicia en circunstancias normales, fuera de fiestas o de eventos festivos, ya sea en el recreo del instituto, o bien durante una jornada normal de vacaciones. La imitación y el deseo de ser aceptados por el grupo tienen una gran importancia en este proceso de iniciación, aunque después van apareciendo diferentes razones –recreativas, de dopaje e incluso auto terapéuticas – que justifican el mantenimiento del consumo.

La mayoría de los consumidores afirman haber reducido su consumo a lo largo de los años, desde un consumo prácticamente ilimitado en la adolescencia. Con el tiempo, controlan mejor la sustancia, deciden cuándo la desean consumir y cuándo no, y también tienen mayor capacidad de pasar alguna temporada sin consumir en caso necesario. No obstante, abandonar el consumo parece complicado para la mayor parte de las personas entrevistadas. La mayoría no se imagina dejar de consumir, aunque considera que las circunstancias de la vida –las exigencias de la vida laboral, el hecho de tener hijos/as, el cambio de amistades y, en fin, la propia maduración– probablemente les lleven a reducirlo en algún momento.

Respecto a las consecuencias del consumo, las personas entrevistadas son conscientes, no sólo de las consecuencias inmediatas o de las que ya padecen, sino también de posibles consecuencias futuras del consumo. Una de las más mencionadas, si no la principal, es el desarrollo de enfermedades respiratorias como consecuencia de fumar. No obstante, este riesgo se percibe como lejano, y la mayoría de las personas entrevistadas consideran que tienen tiempo de tomárselo en serio. De hecho, la percepción de posibles consecuencias negativas del consumo no parece estar relacionada con la frecuencia actual de consumo. La percepción del riesgo no lleva, por tanto, a una reducción o a un mayor control del consumo, lo que supone un mal resultado para las campañas de prevención que se llevan a cabo actualmente.

¿Cuando, cómo, dónde y quién, le dará una razón, un motivo, provocará una circunstancia, generará una situación para CAMBIAR?