sábado, 29 de noviembre de 2008

La experiencia demuestra que existe una serie de cuestiones clave para un tratamiento de abuso de sustancias eficaz:

Los individuos necesitan participar en el tratamiento durante un período adecuado.

La “recuperación” de la adicción a las drogas es un proceso dinámico que requiere que la persona se decida a “mantenerse abstinente”. La recuperación exige un esfuerzo a largo plazo, con frecuencia son necesarias varias fases y estrategias de tratamiento, porque la rehabilitación no es sinónimo de abstinencia sino que lleva implícita, necesariamente, la adaptación social.

No existe un tratamiento único que sea apropiado para todos. El tratamiento debe ser evaluado a intervalos regulares a fin de modificarlo según convenga. Ningún tratamiento se revela como el más potente o ideal para todos los casos y situaciones, sino que se apuesta por los programas individualizados atendiendo a la demanda y, a la realidad personal y social de cada individuo.

Pudiera ser posible dejar el consumo sin ayuda, sin apoyos durante un corto periodo de tiempo, pero lo que no resulta viable es la rehabilitación en soledad. La dificultad que entraña alcanzar las metas de las diferentes etapas de la recuperación y, lo prolongado y lento del curso del cambio hace necesaria la presencia de personas en las que apoyarse, a través de las cuales se justifique una parte del esfuerzo y de la esperanza en un futuro mejor, en un entorno social (íntimo e institucional) disponible y accesible para proporcionar la ayuda.

Durante la etapa de tratamiento el apoyo social (institucional y del entorno más íntimo) aparece como un elemento necesario para cimentar el cambio tanto por las propias transacciones de ayuda como por la necesidad de tener personas en las que apoyarse y a través de las cuales se justifique una parte del esfuerzo y la perseverancia. Las familias cohesionadas que establecen límites claros, flexibles consistentes y coherentes con los valores familiares y cuyas relaciones se basan en el afecto constituyen un apoyo en la recuperación, mientras que las muy patológicas pueden entorpecer el proceso. Así mismo, la motivación interna o externa, la autoeficacía percibida, las expectativas de éxito, las ganancias anticipadas o vividas etc. constituyen aspectos personales positivos para el cambio mientras que la comorbilidad psiquiátrica entorpecerá en mayor o menor medida el proceso.

Cuando la carencia de recursos personales y/o sociales es patente, es mejor recurrir a programas con objetivos menos ambiciosos y más a largo plazo. La experiencia acumulada en las etapas previas de deshabituación y la propia recaída supone un aprendizaje y por la experiencia que aportan, te pueden preparar para un próximo intento.

Cuando el entorno social propio contiene muchos factores negativos o pocos protectores, el nivel de dificultad se incrementa considerablemente pero siempre queda la posibilidad de mitigarla, al alejarse del entorno o de la fuente obstaculizadora.

La integración laboral es un criterio de integración social fundamental pero no el único ni el prioritario a corto plazo. A menudo, la incorporación precipitada al mundo laboral constituye un factor de riesgo de recaída, debido a la disponibilidad de dinero.

Un análisis exhaustivo del devenir en la etapa post-abandono, nos permite inferir que no solo se ha conseguido la extinción de la conducta adictiva, sino también consolidar el cambio de estilo de vida y la estabilidad de una vida satisfactoria en un entorno social normalizado.

Texto:
MARÍA CARMEN ALBIACH CATALÁ

UN DIA CUALQUIERA EN UN CENTRO DE TRATAMIENTO
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Mitos a desterrar en adicciones

Dos de los mitos más generalizados en adicciones son; que “una persona puede dejar de usar drogas por sí sola” y que “la mayoría de los adictos puede abandonar las drogas permanentemente y de una sola vez”.

Estas ideas provienen en parte de la creencia que el uso continuo de las drogas es voluntario y de que la incapacidad de una persona de superar la adicción se debe únicamente a un problema de personalidad o a una falta de fuerza de voluntad.

Se entiende y acepta bien la naturaleza altamente adictiva de la nicotina así como las dificultades para abandonar el hábito de fumar. No existe un gran estigma en cuanto a las recaídas en el hábito de fumar. Ahora bien, las reacciones cuando una persona recae en el uso de otras drogas por lo general son extremadamente negativas.

Por lo general se tiende a pensar que debería ser posible curar de manera permanente a una persona que sufre de adicción a las drogas. Si no ocurre una “cura”, entonces se considera que el tratamiento es inútil y no merece el apoyo o recursos a su alcance.

Muchos estudios han demostrado que es muy difícil para los usuarios de drogas abandonar el hábito por sí solos y que es común sufrir recaídas en el hábito de uso de drogas, incluso después del tratamiento.
¿Cuando, cómo, dónde y quién, le dará una razón, un motivo, provocará una circunstancia, generará una situación para CAMBIAR?